El Pecado Causas De Las Enfermedades

Todos hemos escuchados de nuestros abuelos que actuar mal no puede traer repercusiones, incluso podemos morir o enfermarnos. Pero cuanto no se ha especulado acerca de la enfermedades. Si usted se pregunta: ¿a quién se le ocurre mezclar pecado con enfermedad? ¿Qué tiene que ver eso con el rigor científico?...

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Teorías sobre la causa del envejecimiento, la enfermedad y la muerte:

Desde los principios de la humanidad el hombre ha buscado la causa o causas, etiología, de la enfermedad. Son tantas las teorías que se han descrito que no se podrían enumerar. Acercándonos a nuestros tiempos más modernos Pasteur afirmó que los microbios eran la causa de las enfermedades, y es un concepto que sigue muy vigente. Bernard, de la misma época que Pasteur decía que el terreno con sus factores ambientales eran los que producían un desequilibrio interno.

Ahora muchos científicos nos dicen que la clave está en el código genético y que con la investigación e implantación de células madres se podrán resolver un sin fin de enfermedades.

Otros nos dicen que la duplicación de las células teóricamente debería mantener vivo el cuerpo para siempre. Incluso de las células cerebrales de las que se decía que no se reemplazan, algunos investigadores como Paul A. Weiss, sugiere que aunque no se dividan en el adulto, constantemente fabrican “partes de repuesto” y así siguen renovándose.

Algunos dicen que el ADN de cada célula es como un ordenador que tiene un “programa” para la vida, pero que con el tiempo ese programa se acaba. Otros científicos especulan que la duplicación repetida de las células obstruye al ADN con “error de transcripción.” Comparan esto al volver a grabar continuamente una melodía bonita, lo cual con el tiempo la convierte en un ruido irreconocible. Algunos creen que la célula se envenena con la edad. Otros dicen que el cuerpo olvida lo que debe hacer y se suicida rechazando sus propias células como rechazaría a un órgano trasplantado.

Muchas de estas teorías han sido formuladas debido a experimentos como los que hizo Alexis Carrell quien conservó vivas por más de treinta años en cultivos células vivas de embriones de pollos. Sin embargo, algunos como Leonard Hayflick, criticaron este experimento, según Scientific American de marzo de 1968, porque se llevaron a cabo de manera incorrecta.

Sea cual sea la teoría sobre la causa del envejecimiento y la enfermedad, el asombroso plano de ADN no está programado ahora para sustentar células en equilibrio perfecto. En la vejez las que se gastan y mueren no siempre son reemplazadas por células nuevas por medio de la división de las células. De modo que siguen la degeneración y la muerte.

¿Para siempre? Es posible que el concepto de vida eterna le parezca absurdo, pero ¿realmente lo es? Los científicos creen que ya saben por qué envejecen las células. Ciertas secciones de material genético llamadas telómeros, que se encuentran en los extremos de los cromosomas, se acortan cada vez que la célula se divide. Transcurridas de 50 a 100 divisiones, los telómeros se desgastan y la mayoría de las células dejan de dividirse. Sin embargo, ciertos descubrimientos recientes indican que, con la ayuda de una enzima denominada telomerasa, las células humanas pueden dividirse indefinidamente.

Según estos hallazgos, células bañadas en una solución de esta sustancia tienen la capacidad de seguir reproduciéndose indefinidamente. Es decir anula el proceso del envejecimiento y la muerte celular. Pero pruebas realizados en animales pluricelulares, como el hombre, ha resultado en que el uso de esta enzima produce tumores malignos porque las células empiezan a dividirse indefinidamente; o sea, no se muere uno de envejecimiento, pero sí de cáncer. Se fastidió el chollo.

El pecado y la enfermedad:

Pero qué podemos decir del pecado. Seguro que a muchos les puede llamar la atención el hecho de que el libro más vendido, distribuido, traducido, leído y respetado del mundo, La Santa Biblia, nos dice que el pecado es la causa de la muerte. “El aguijón que produce muerte es el pecado”, declara 1 Corintios 15:56. Además nos recuerda que nuestra herencia pecaminosa también es responsable de las enfermedades que sufrimos. A este respecto, Jesús mismo mostró que hay una relación directa entre la enfermedad y el pecado, pues al sanar a un paralítico, le dijo: “Tus pecados te son perdonados” (Mateo 9:2-7).

Hoy la palabra pecado está en desuso, se la considera anticuada, o sea un anacronismo. Para algunos incluso la idea de pecado es absurda. Sin embargo, puede que nunca hayan investigado el verdadero significado de esta palabra y la lógica que hay detrás de ese significado.

Definición de pecado:

Según el diccionario bíblico Perspicacia para entender las Escrituras “el término hebreo común para “pecado” es jat•tá’th, y el griego es ha•mar•tí•a. En ambas lenguas las formas verbales (heb. ja•tá’; gr. ha•mar•tá•no) significan “errar” en el sentido de marrar o no alcanzar una meta, camino, objetivo o blanco exacto…Los escritores griegos solían utilizar ha•mar•tá•no con respecto al lancero que erraba su blanco. Ambas palabras se empleaban para referirse a errar, marrar o no alcanzar, no simplemente objetivos o metas materiales (Job 5:24), sino también morales o intelectuales”.
Siguiendo el ejemplo sencillo de la propia definición podemos entender mejor el término pecado. Imagínese que tiene una diana y una serie de dardos. Su objetivo al tirar a la diana es alcanzar el centro (pongamos que es un 10 de puntuación). Si usted da en el centro ha conseguido su objetivo, no ha errado, no ha pecado. Pero si da en el área del 9 ha estado muy cerca del 10, pero ha errado. Si da en el área del 2 su error es mayor, está más lejos de su objetivo. Usted tira con la intención de dar en el 10, su intención es buena, pero no siempre acierta. Pues bien esto es el pecado involuntario según la Biblia. Imagínese ahora que usted sabe dónde está la diana, pero se vuelve, la da la espalda y lanza el dardo en dirección contraria a la diana. Por supuesto no ha acertado. Usted lo ha hecho adrede. Eso es el pecado voluntario.

¿Qué tiene que ver esto con la enfermedad?

Pues muchísimo. Los científicos intentan buscar la causa de la enfermedad en lo físico: microbios, virus, genes, células, ADN, telómeros, toxinas, terreno, etc. pero se les olvida que el ser humano no es solo un conglomerado de un billón de células, sino un ser con una capacidad moral y espiritual que, precisamente, es lo que lo distingue de los vegetales y de los animales. ¿Hasta qué grado influye en su salud esta capacidad moral y espiritual? De nuevo contestamos: muchísimo.

Nuestra capacidad moral y espiritual y las enfermedades:

La salud física depende muchas veces del equilibrio mental y emocional. Por ejemplo, los estudios han confirmado los efectos nocivos de la ira. En su libro Anger Kills (La ira mata), el doctor Redford Williams, director de Investigaciones sobre el Comportamiento en el Centro Médico de la Universidad de Duke, y su esposa, Virginia Williams, dicen que “la mayoría de las pruebas disponibles indican que las personas hostiles son más propensas a padecer enfermedades cardiovasculares (y de otro tipo) por varias razones, tales como un menor apoyo social, un aumento en las reacciones biológicas ocasionado por la furia y una mayor participación en conductas perjudiciales para la salud”.

La médica moderna sabe desde hace mucho que la ira desenfrenada tiene un efecto perjudicial en el cuerpo humano. Hace más de cien años, The Journal of the American Medical Association (JAMA) (Revista de la Asociación Médica Americana) dijo: “Un hombre muere durante un arranque de ira, y se dice que, quizá, tenía el corazón débil, y que este no pudo soportar la tensión impuesta por su estado mental. Nadie parece pensar que esto no es más que la culminación de una larga serie de tales arranques de cólera, los cuales fueron precisamente los que debilitaron su corazón”.

Según The New York Times, el doctor Murray Mittleman mencionó la posibilidad de que corran menos riesgo de infarto las personas que tratan de permanecer calmadas en momentos de tensión emocional. “La reducción del cinco por ciento que descubrimos en la capacidad cardíaca [para bombear sangre] de los pacientes durante momentos de ira es significativa, aunque sea leve —dijo la Dra. Gail Ironson, que dirigió la investigación—. Los pacientes señalaron que cuando narraron los incidentes, no estaban ni la mitad de lo furiosos que estaban cuando en realidad ocurrieron. Es probable que la capacidad de su corazón para bombear sangre se viera mucho más reducida durante un verdadero estallido de cólera.”

No les quiero cansar con más declaraciones de científicos que relacionan la ira o cólera con la enfermedad.

¿Saben lo que se escribió en la Biblia hace 3.000 años?: “Un corazón calmado es la vida del organismo de carne, pero los celos son podredumbre a los huesos.” (Proverbios 14:30)

Numerosos estudios médicos revelan que la ira y la hostilidad pueden provocar apoplejías e infartos. Cierto diario médico, hablando sobre las personas con enfermedades cardíacas, dijo hace poco que los estallidos de cólera descontrolados son como un veneno, y que “cuanto más se enfada uno, más se enferma”. Quienes, por el contrario, se esfuerzan por ser pacíficos, desarrollan “un corazón calmado” y a la larga se benefician.

Eso es lo que produce la ira. Pero y si a la ira le sumamos los celos, el odio, el rencor, la venganza, la soberbia, el miedo, el estrés, la ansiedad, la tensión, la envidia, etc., etc….entonces estamos moribundos, algunos desde que nacen por la tensión que han sufrido durante nueve meses por el nefasto ambiente en el que se han desarrollado en el vientre de su madre debido a las tensiones que a lo mejor está sufriendo esa futura madre en su propio hogar.

No podemos desligar la vida moral y espiritual de la física. Eso es un error (como prueba lea el artículo: Psicología: Trastornos psicosomáticos con componente psicológico). Todos los más grandes pensadores y naturistas reconocen que para tener salud se necesita ser una persona amable, perdonadora, bondadosa, equilibrada, positiva, generosa, humilde, sincera, modesta, pacífica, agradecida, etc., etc. Eso es el 10, lo otro está alejado del 10. Si leen los libros de Bernard Jensen o A. Vogel verán que ambos coinciden: sin paz mental y espiritual no hay salud.

Esto en cuanto a lo moral, pero en cuanto a lo espiritual, la mayoría coincide de la misma manera. Si el ser humano tiene la capacidad de hacerse preguntas, es porque hay respuestas. Es cuestión de buscarlas. Necesitamos respuestas, necesitamos saber quienes somos, a dónde vamos, qué sentido tiene la vida. Si no tenemos respuestas a estas preguntas estamos perdidos, vacíos. Por ejemplo, ¿cómo es posible que una secuoya viva 3.000 años, una tortuga 150 y el ser humano con toda su inteligencia solo 70 u 80? Necesitamos respuestas.

De modo que ese equilibrio tan perfecto y sutil entre lo físico y lo moral/espiritual se puede romper y de hecho se rompió en el principio de la humanidad. Y tal como algunas enfermedades se transmiten de padres a hijos en consonancia con las leyes de la genética, la imperfección y las enfermedades resultantes pasaron de los primeros humanos al género humano. Según la Biblia, la causa fundamental de la muerte humana no es de carácter biológico, sino moral y legal.

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